Uyuni

 

1) Cruzar la frontera y llegar a Uyuni

Desde Humahuaca cogemos un bus a La Quiaca, un pueblo argentino en la frontera con Bolivia. Salimos un poco justos y este bus es una de esas anomalías argentinas de autobús que sale a su hora, incluso un par de minutos antes, así que por poco lo perdemos. El viaje a la Quiaca es de unas 2 horas (100 pesos). En Argentina se hace referencia a La Quiaca como lugar que está lejísimos (es su donde Cristo perdió la gorra) y es que es la frontera más lejana de Argentina, más aún si pensamos que al sur no hay frontera con otro país.

De donde nos deja el bus al paso fronterizo son unos 15 minutos a pie. Sobre el cruce de la frontera había leído de todo, que se hacen filas de horas, sobre todo los fines de semana, o que se hace en cinco minutos. Para nosotros, un jueves a las 12 del mediodía (11 en hora boliviana, porque en Bolivia es una hora menos respecto a Argentina) son unos 10 minutos. Básicamente es rellenar un formulario verde, y tu te quedas una parte. Está prohibido entrar ciertas cosas en Bolivia, sobre todo alimentos, pero nadie nos revisa nada ni nos pregunta, ni nada. Mientras rellenamos el formulario vemos gente pasar de un lado a otro con fardos, sin parar a hacer papeles de ningún tipo, pero tampoco nadie les para ni les dice nada.

Y entramos en Bolivia. Bolivia tiene 10 millones de habitantes, y más del 60% de la población se considera indígena, es el país de Latinoamérica con mayor proporción de población indígena. Bolivia cuenta con 36 etnias diferentes, siendo las mayoritarias la quechua y la aymara. Nos adentramos en el pueblo de Villazón, que básicamente es la continuación boliviana de La Quiaca, y lo cierto es que toda la gente que vemos tiene rasgos indígenas.

Nada más pasar encontramos casas de cambio, con un cambio aceptable, así que nos hacemos con algunos bolivianos, que es la moneda de Bolivia, aunque muchas veces ellos mismos los llaman pesos. El cambio oficial está entorno a 7,6 bolivianos un euro.

Vamos a la estación de tren, ya que la idea es tomar el tren que lleva a Uyuni, son otros 20/30 minutos andando. De Villazón a Uyuni sólo salen trenes los lunes y miércoles, compañía expreso del sur; y los jueves y sábado, compañía wara wara; el resto de días para salir de Villazón hay que tomar bus, pero la carretera, sobre todo el tramo entre Tupiza y Uyuni, es mala y con muchas curvas, y además el tren es mucho más cómodo, más para un viaje tan largo durante el día. Al llegar a la estación no hay nadie en boletería, y tras esperar un rato y ver que no llega nadie optamos por ir a comer algo y volver más tarde. La compañía wara wara (hoy es jueves) tiene 3 tipos de boleto: popular, 38 bolivianos; salón, 56 bolivianos; o ejecutivo, 118 bolivianos. Compramos el de salón, con la parte final en ejecutivo porque no les quedaba más salón. Nos recomiendan no comprar el popular, porque es incómodo, el espacio es pequeño, básicamente en un espacio en el que normalmente caben 2 asientos en popular son 3, y está lleno de gente. El salón es lo que en Europa nos parecería un tren normal, un poco viejito y un poco tren chuchú, pero suficientemente cómodo. En el ejecutivo básicamente los asientos se reclinan más.

En el tren hay tele y alternan pelis (malas) con música (muy mala) reguetón y cumbia y movidas así (yo creía que lo peor de esta música era su letra machista y estúpida, pero no, lo peor son sus videoclips, siempre sale un feo y/o gordo con un cochazo y pibones enseñando el culo). Como lo ponen por los altavoces, lo tienes que escuchar sí o sí.

En Tupiza se sube un montón de gente, locales todos, y también entran niños a venderte comida y bebida. Con cierta frecuencia en Bolivia son niños los que se acercan a venderte refrescos o chocolatinas, normalmente acompañando a sus madres que se ganan la vida vendiendo a los buses o trenes, o también en la calle. Yo la verdad que cuando veo niños vendiendo compro a otra persona, porque aunque entiendo que si ahí están es que a su familia le hará falta, no me parece bien que haya niños trabajando.

Llegamos a Uyuni a la 1 y pico de la mañana, y con nosotros se baja un buen grupo de turistas mochileros, el tren continúa hasta Oruro. Salimos al pueblo a buscar un hostel. Nos habían dicho que los de los hostels van a la estación para ofrecer su alojamiento, pero debe de ser en temporada alta, porque aquí no viene ni dios. Hacemos la única posible, empezar a llamar a la puerta de los hostels que vemos y preguntar precio. Yo me pongo de mal humor, porque me veo con la misma de Cafayate, a las mil buscando hostel y sin que nos abran la puerta. El primero en que  nos abren nos dicen 35 bolivianos, pero que sólo hay agua caliente a la mañana. Lo del agua caliente nos echa para atrás, porque a saber si es cierto, y seguimos buscando. Encontramos uno por 210 la habitación doble, muy caro, y otro por fin de 40 por persona, habitación doble baño compartido. En el resto a los que vamos directamente nadie abre.

 

2) Buscar agencia y primer día de tour: salar

A la mañana siguiente nos despertamos pronto para buscar un tour al Salar de Uyuni, ya que nos han dicho que salen sobre las 10 de la mañana, así que podemos salir hoy mismo y no perder un día en Uyuni, que no tiene nada para ver ya que es un pueblo que vive del salar y ya. Los chicos de Mendoza salen antes a la búsqueda, y casi que mejor, porque seguro que a ellos les ofrecen mejores precios que a nosotras si nos oyen europeas.

Los tours vienen a ser todos iguales, tienen las mismas paradas, y los precios varían poco. Obviamente las agencias que están recomendadas en guías de viaje o en Internet son más caras, pero por lo que vemos que nos ofrecen, nos da la impresión de que es un poco lotería, y elegir un buen o mal tour va a ser cuestión de suerte.

Los tours de Uyuni pueden ser de entre 1 a 4 días: 1) en el tour de un día sólo se ve el salar y se vuelve a Uyuni a la tarde; 2) en el tour de dos días se ve también sólo salar, pero se duerme en un hostel de sal y se ve un volcán también; 3) en el tour de tres días se cambia de paisaje cada día, el primer día es salar, el segundo es lagunas, y el tercero es zona volcánica con fumarolas y aguas termales; 4) en el de cuatro días se hace dos días de salar, igual que el tour de dos días, y después lagunas el tercer día, y fumarolas y aguas termales el último.

Después de mucho preguntar nos convencen en una agencia donde nos dan mucha información del tour y sus paradas, y parece bien organizado, nos enseñan fotos y tiene buena pinta, y además nos hacen precio barato por ser cuatro. Los mendocinos optan por el tour de 2 días, de ver sólo el salar (350 bolivianos, unos 46 euros); mientras que la chica portuguesa, Lucía, y yo, optamos por el de 3, para ver más cosas (650 bolivianos, unos 85 euros). Vamos medio corriendo al hotel a hacer la mochila porque son las 9.30 y salimos a las 10.30/11, también voy a sacar dinero al cajero de la plaza. Para mi sorpresa y alivio, funciona a la primera, y no me cobran comisión. Ya me habían dicho que el único país donde había problemas para sacar dinero era Argentina, y que en el resto iba a ser fácil. El hecho de saber que puedo sacar dinero de cualquier cajero, sin pagar comisión, y un monto más grande, resulta un alivio. En Argentina tenía que ir pensando en cajeros o cambios de moneda prácticamente una vez a la semana (obviamente también porque es u país más caro). En Bolivia al parecer va a ser otra cosa. Paso también por un kiosco a comprar unas galletas, y me compro un gorrito de esos orejeros para el frío. Al llegar de vuelta a la agencia con todo listo el tipo de la agencia me empieza a preguntar que si tengo más días o voy con prisa, y me explica que el grupo de 3 días es ya de 5 personas, entonces que mejor si hago el tour de 4 días. Lo dice como propuesta, pero no sé hasta que punto me está dando opción. Yo me enfado, y aunque me ofrece un buen precio (850 bolivianos, unos 112 euros, cuando en otra agencia más cara ese tour nos lo habían ofrecido a 1200), yo estoy enfadada igual, porque no es serio acordar un tour y que media hora antes de salir me lo quiera cambiar. Yo soy muy mala regateando, no me gusta y no se me da bien, y en este caso no me enfado como técnica negociadora, y sin embargo funciona, porque el tipo me ofrece el tour por 750, a mi y a Lucía, porque le insisto en que vamos las dos juntas. El tour de cuatro días nos permite ir con los chicos mendocinos los dos primeros días, lo cual está muy bien, y después hacer exactamente lo mismo que íbamos a hacer en el tour de 3 días.

Dejo la mochila grande en la agencia y me voy con la pequeña, llevando lo justo (o, por desgracia, menos que lo justo…). Salimos los dos mendocinos, Lucía, un chico búlgaro y yo. Nuestro conductor y guía se llama Hugo, se ve un tipo serio, no muy hablador, pero cuando le preguntas te explica las cosas. No puedo decir que los bolivianos que hemos conocido hasta ahora hayan sido particularmente simpáticos, así que su seriedad parece cosa de su nacionalidad.

La primera parada del tour es el Cementerio de trenes. Básicamente son trenes antiguos que han colocado al aire libre cuando en la estación ya no cabían. Hugo nos cuenta que quieren montar un museo de pago, pero que por ahora es gratis y así está incluido en los tours al salar. Nos damos una vuelta entre los trenes viejos, que está lleno de turistas porque todos los tours empiezan por aquí.

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Cementerio de trenes, Uyuni

La siguiente parada es el pueblo de Colchani, a la entrada del salar, donde hacen artesanía con sal. Está lleno de figuritas, cajitas, y, sí, imanes hechos con sal. Para hacer las figuras preparan una mezcla de sal pulverizada y agua, que colocan en moldes con las formas de las figuras, y luego lo hornean a 40 grados. Sorprende ver la cantidad de jeeps parados en la calle, porque de nuevo es una parada que hacemos todos los tours casi a la vez, y sorprende ver que prácticamente todos los jeeps son el mismo modelo de Toyota.

Seguimos ruta y nos adentramos en el salar. El Salar de Uyuni es el mayor desierto de sal del mundo con más de 10.000 kilómetros cuadrados. Está situado a 3.650 metros sobre el nivel del mar. El salar se formó por la evaporación del agua, ya que la zona era un mar hace 40.000 años. El salar lo forman capas de sal y barro lacustre, con una profundidad de 120 metros. La capa superior de sal tiene entorno a los 10 metros. El Salar de Uyuni se considera la mayor reserva de litio del mundo, y cuenta con grandes cantidades de otros minerales como boro, potasio o magnesio, y obviamente la halita o cloruro de sodio, sal. El Salar es el principal atractivo turístico de Bolivia, lo visitan más de 60.000 personas al año.

Vamos hasta un Monumento Conmemorativo del Dakar que se corrió en el salar. Hugo nos cuenta que es muy fácil perderse en el salar, de hecho se puede entrar con coche propio pero sólo si se va con un guía del lugar, porque es muy fácil perderse. Tiene lógica ya que es un manto blanco y las montañas que se ven en el horizonte son fácilmente confundibles.

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Monumento del Dakar en Bolivia, Salar de Uyuni

La siguiente parada es en mitad del Salar, donde comemos y nos hacemos las típicas fotos chorras de perspectiva. Esta vez tenemos un dinosaurio de juguete que da mucho juego. Después vamos a una de las islas de tierra que sobresalen en el salar, en concreto a la del volcán Thunupa, a cuyo pie se encuentra el pueblito de Coqueza, donde se encuentra nuestro hostel. El hostel está hecho de sal, es una casita blanca hecha con ladrillos de sal (práctico, pero no muy cálido).

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Coqueza, Salar de Uyuni

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Hostel de sal, Coqueza, Salar de Uyuni

Dejamos las cosas y vamos a ver la puesta de sol al salar. En la zona del salar pegada a la isla queda agua de lluvia, que hace efecto reflejo, y podemos ver flamencos. Después de muchas fotos volvemos al hostel.

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Coqueza, Salar de Uyuni

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Volcán Thunupa y llamas, Salar de Uyuni

Nos dan merienda con café y galletas y después cenamos. La señora del hostel es una sargento cabreada, pero aparte se está bien. Después de cenar vamos a la tiendita del pueblo a comprar algo de beber, y aconsejados por la señora de la tienda compramos Singani, que es una bebida muy popular en Bolivia (el vodka boliviano). Nos dice la señora que se bebe con sprite, y nos llevamos una botella de sprite también. Los bolivianos tienen fama de consumir bastante alcohol; pero en Bolivia el alcohol no es particularmente barato. Por la botella de Singani pagamos 100 bolivianos (unos 13 euros). El Singani resulta ser un alcohol fuerte que sabe más a colonia o jabón que a otra cosa, pero con sprite está decente. Nos echamos unas buenas risas porque los chicos mendocinos son súper divertidos, y más intentando hablar en inglés para que el búlgaro entienda algo.

A las 10 de la noche la señora malahostia del hostel viene al salón y empieza a desenchufar los teléfonos y cámaras que estábamos cargando, nos dice que hay electricidad solo hasta las 22. Marcos, uno de los mendocinos, se enfada y con razón, porque nadie nos lo había dicho y no ha podido cargar su teléfono, aunque lo que más molesta son las formas de sargento rebotada. Después la señora empieza a llevarse nuestros vasos aunque no hemos acabado, diciendo que se tienen que ir a dormir. Nos vamos a dormir (que remedio) la señora detrás nuestro apagando luces como una obsesa (una loca).

Hace un frío que pela en el hostel, porque no hay calefacción. Básicamente hace el mismo frío fuera del hostel que dentro. Yo no consigo dormir por el frío y me pongo una capa más de ropa. No sé si es el salar, mi jersey y gorro nuevos, o qué, pero estoy tan cargada de electricidad que en la oscuridad en la habitación puedo ver las chispas al frotar la ropa.

 

3) Segundo día: momias, volcán, cardones y más salar

Al día siguiente bajamos al salar a ver el amanecer, a eso de las 6.30.

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Amanecer en Coqueza, Salar de Uyuni

Después desayunamos y salimos hacia el volcán. Hugo nos sube hasta mitad camino, donde se encuentran unas momias en una cueva (30 bolivianos, unos 4 euros), nos dice que podemos seguir subiendo y que luego bajemos caminando mientras él se vuelve al pueblo a hacer la comida. Cuando se va los mendocinos y la chica portuguesa comentan que parece bebido. Yo, ingenua de mí, no me lo creo, sobre todo porque son las 8.30 de la mañana.

En las Chullpas, la cueva de las momias, hay un abuelito que nos explica algunos datos de cada una de ellas, de cultura inca o pre incaica. Nos cuenta que los cuerpos, porque más que momias son esqueletos, se encontraron en diferentes zonas de la montaña, pero se trajeron a esta cueva para preservarlas.

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Chullpas, Salar de Uyuni

Después de ver las momias nos vamos a subir el cerro hacia la base del Volcán Thunupa. Hay un camino medio marcado con piedras blancas, pero los chicos se flipan y echan a andar en línea recta subiendo. Yo me canso (obvio, porque no soy yo de subir cerros) así que me acabo separando, y opto por volver a la senda de piedras blancas y seguirla, mucho más accesible. También les hago fotos a las llamas que andan por ahí pastando. Algunas llamas tienen adornos en las orejas que parecen pendientes (muy guapas las llamitas), más tarde al preguntar por el tema me cuentan que es la forma de marcarlas para reconocerlas sus dueños.

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Subida al volcán Thunupa, Salar de Uyuni

Al volver al pueblo encontramos a Hugo sentado en la plaza con un tipo que se cae de borracho, y enseguida vemos que Hugo está borrachísimo también (Hasta yo, por muy ingenua que sea, lo veo más que claro, más cuando se pone a perseguir un gato, o cuando se apoya en el maletero del coche para no caerse mientras nos espera).

Todos habíamos leído que a veces los conductores de los tours a Uyuni, o incluso los conductores de autobús, se emborrachan en Bolivia. En las guías te advierten para que prestes atención antes de contratar un tour y contrates con compañías de buses serias. El tema es que aunque prestes atención, como nosotros que conocimos a Hugo el primer día antes de aceptar el tour, y estaba sobrio y parecía un tipo serio, cuando el tipo se emborracha durante la noche y te aparece mamado a la mañana, no hay nada que puedas hacer. Vamos a comer al salar, y vamos todos en tensión por lo que pueda hacer conduciendo. Como dice Marcos, en broma, pero también en serio, y en cualquier caso ayudando a rebajar un poco la tensión, es muy difícil darse una hostia con el coche en el salar porque no hay nada con lo que puedas chocar. Resulta tranquilizador.

Paramos para comer, y ahí resulta más que evidente lo mamado que está mientras sirve la comida. Nos dice que ha preparado la comida pronto por la mañana (vamos, que cuando nos dejó en el cerro y no nos esperó para bajarnos, cosa que sí hicieron otros guías, lo que hizo no fue bajar a hacer la comida, sino bajar a seguir mamándose). A lo que vamos a seguir a la siguiente parada del tour se da cuenta de que ha perdido el móvil. Comienza a buscarlo por todas partes, y todos esperándole en el todoterreno. Al final se sube y aunque le decimos que si alguien lo encuentra en el pueblo se lo guardarán porque le conocen, coge y da media vuelta y volvemos al pueblo para que lo busque. Se pone a buscar por la calle mirando por todos lados. Nosotros en el todoterreno esperando. Nos llegamos a plantear, medio en serio, medio en broma, enganchar el coche y largarnos de allí sin él. Lo malo que es difícil guiarse en el salar, y tenemos más probabilidades de perdernos que de salir de allí. Yo propongo seguir a otro todoterreno que veamos, pero claro, a saber en que dirección va. Vuelve Hugo sin el teléfono, obvio, porque a saber que ha hecho con él con el ciego que lleva. Bromeamos con que lo habrá cambiado por una botella de Singani. Volvemos al salar y conduce hacia la isla de cardones, nuestra próxima parada.

Mientras conduce sigue buscando el móvil entorno al asiento, lo cual a mi me está poniendo de los nervios. Luego comienza a bostezar, y prácticamente se le cierran los ojos. Ahí ya no estoy sólo de los nervios, sino que estoy cabreada, y también Marcos, que por suerte comienza a hablarle y a asegurarse de que está despierto y de que deja de buscar el puñetero móvil. Yo quiero engancharle el cinturón al cuello, y sé que Marcos quiere darle una hostia bien dada, y a saber en que andan pensando el resto, pero seguro que no les parecerían mal nuestras opciones.

Llegamos a la Isla Incahuasi, erróneamente llamada Isla del pescado (la Isla del pescado es otra que está cerca, también con cardones, pero esa isla no está montada para los turistas y no hay nadie para cobrar entrada por entrar a verla). Los chicos mendocinos quieren buscar otro chófer para volver al pueblo de Uyuni; Lucia y yo tenemos que hacer un transfer a otro auto y con otro chófer, pero la verdad que ni ganas tenemos de seguir el tour después de hacer tanto nervio con el borracho del conductor. Marcos va a preguntar a la oficina de tickets para ver que se puede hacer, allí informa al tipo que vende las entradas de que nuestro conductor está borracho. El tipo le dice que no puede estar borracho. Ya, claro, pero lo está. Le dice a Marcos que el chófer debería descansar un rato (Hay que joderse). Tenemos una hora y media para ver la isla (30 bolivianos), pero no entramos porque, la verdad, ninguno está de humor para islas, ni cardones, ni leches. Para poder ir al baño hay que comprar el ticket de entrada (absurdo que no te dejen pagar 2 bolivianos y ya está), así que como no va a ser el caso, yo por un lado, y los mendocinos por otro, nos vamos a rodear la isla y buscar intimidad. Aprovecho para hacer fotos de la isla y tratar de relajarme un poco para que la mala hostia que llevo encima no se me atragante.

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Isla Incahuasi, Salar de Uyuni

A lo que vuelvo me cuentan que el búlgaro ha visto a nuestro chófer bebiendo una cerveza en la cafetería, y que los mendocinos le han hecho frente. Hugo se defendía con que no le habíamos visto beber, excusa bien absurda, primero por ser mentira, y segundo, porque aunque no le hubiéramos visto, es más que obvio que está cocido. En un cierto punto amenaza con no llevarnos de vuelta a Uyuni. Al final la cosa se calma, y aparece el tipo del transfer. Lucía y yo cambiamos de auto, y nos despedimos de los mendocinos y del búlgaro, que vuelven a Uyuni con Hugo, Marcos sentado a su lado para darle conversación y estar atento a que no se duerma.

Nosotras seguimos el tour, pero yo la verdad que estoy tensa en el coche, aunque nuestro nuevo conductor está sobrio (el borracho del conductor me ha traumado). Paramos a ver el atardecer en mitad del salar.

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Atardecer en el Salar de Uyuni

En nuestro nuevo todoterreno hemos cambiado radicalmente de gente. Aquí viajan una pareja estadounidense, una pareja francesa y una chica sueca, todos ellos entre 21 y 24 años. No deja de resultar representativo como la portuguesa y la española estamos más cerca de los 30, básicamente porque hemos tenido que trabajar para ahorrar para un viaje así, y gente de otros países como Estados Unidos o Suecia viajan tan jóvenes (también los suizos o australianos). En este coche el idioma común es el inglés, y aunque todos hablan algo de español acabo traduciendo cuando habla el chófer, que la verdad habla muy rápido (los bolivianos en general son difíciles de entender).

Vamos a pasar la noche de nuevo a un hostel de sal, tiene agua caliente y podemos ducharnos (10 bolivianos la ducha, en este país te cobran por todo, por ir al baño en las distintas paradas del tour son 2 bolivianos). Cuando voy a pagar y pedir la llave de la ducha veo a los conductores del tour bebiendo soda limón (buena señal). Lucía y yo esta vez compartimos el Singani y el sprite con nuestros nuevos compañeros de viaje mientras jugamos a las cartas. De nuevo hace un frío exagerado a la noche, y yo sumo una nueva capa de ropa para poder dormir.

 

4) Tercer día: lagunas y volcanes

Nos levantamos de nuevo para ver el amanecer, esta vez en el horizonte del salar.

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Amanecer en el Salar de Uyuni

Yo estoy bien quemada después de dos días en el salar, y porque fui así de lista de no traer crema de sol. Pensé que llevaba ya muchos días viajando con sol, pero lo que no pensé es que el salar es una gran masa blanca hasta donde alcanza la vista, y ese blanco tiene el mismo efecto que la nieve, que el sol refleja y te quemas más. De hecho muchas veces te parece estar en el Polo Norte más que en un salar, incluso en algunas zonas las placas de sal crujen bajo tus pies y te hace pensar en un lago helado. Por suerte para mí, los otros chicos del tour llevan crema, y la chica americana me da un bote que ya se está acabando, para que lo gaste, y así puedo intentar, si no remediar el daño, que no vaya a más. Mi piel absorbe la crema como si fuera agua en un desierto. Me escuece porque está irritada, tengo unos coloretes que parezco una bolivianita. Me doy cuenta de que también tengo rojas e irritadas las manos, la cara y las manos, lo único que queda expuesto al sol.

Después de ver el amanecer y desayunar nos ponemos en marcha. La primera parada es un pueblito para comprar agua, papel higiénico o lo que haga falta (sí, papel higiénico, porque en Bolivia no hay papel higiénico en ningún baño, así que vamos todos con nuestro rollo en el bolsillo). Yo aprovecho para comprar también una bolsita de coca. Soy la única que la ha probado, y les ofrezco al resto por si quieren probar, explicándoles como tomarla (No sé si soy mala influencia, por incitar a tomar coca a la gente, o buena, porque si no es por mi no la probarían y se perderían esa experiencia).

Vamos a ver varios Volcanes, sólo uno de ellos activo. Paramos junto a las vías de tren, la misma vía que vimos en Uyuni en el Cementerio de trenes.

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Volanes, Uyuni

Después subimos a un mirador para ver el volcán activo, y se ve a lo lejos la nube de vapor en un lateral.

Seguimos y vamos a ver varias lagunas. La primera de ellas, Laguna Cañapa, es una laguna que la verdad parece de postal o fondo de pantalla del ordenador. Las montañas a lo lejos, el lago lleno de flamencos, el cielo azul.

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Laguna Cañapa

La siguiente laguna se llama Laguna Hedionda y por un buen motivo. Nos cuenta nuestro nuevo chófer, nuevo y sobrio (¡bien!), que huele así por el azufre.

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Un zorro en el camino

Después vemos la Laguna Honda y a la entrada del Parque Nacional de fauna andina Eduardo Avaroa paramos para ver las formaciones geomorfológicas del desierto de Siloli. Se trata de formaciones eólicas de roca volcánica, la más particular el llamado Árbol de piedra, de 5 metros de altura.

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Árbol de piedra, desierto de Siloli

Después nos dirigimos a nuestra última parada del día, Laguna Colorada. La Laguna está dentro del Parque Nacional de fauna andina Eduardo Avaroa, y hay que pagar 150 bolivianos para entrar, casi 20 euros. La verdad que es caro, más para Bolivia, pero no te queda otra que pagarlo porque mismo el hostel está dentro del Parque. La Laguna Colorada es en realidad rosa más que colorada. El guía nos cuenta que se debe a las algas y microorganismos, y que los flamencos son de color rosa justamente por lo que comen. La Laguna tiene un mirador y vemos el atardecer desde allí. La verdad que la vista de la laguna rosa y el cielo rosa también por la puesta de sol es preciosa.

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Laguna Colorada, Parque Nacional Eduardo Avaroa

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Laguna Colorada, Parque Nacional Eduardo Avaroa

Dormimos en el hostel junto a la laguna, un hostel más básico aún que los anteriores, no tiene ducha y dormimos todos en la misma habitación. Como en los otros hostels, sólo hay electricidad por la tarde de 17 a 22, así que hay que estar atento para cargar el móvil y la cámara. Aquí hace aún más frío que el resto de días. La cama tiene tres mantas, pero no basta. El tipo de la agencia nos había dicho que el tour es mejor hacerlo con saco de dormir, que se puede alquilar si no tienes (grave error no alquilarlo), pero que si no con una manta extra y bien abrigado basta (no basta). La chica sueca me dice que cuando me vaya a dormir me cambie de ropa, al menos la ropa que va pegada al cuerpo, que no use la misma ropa que he llevado durante el día porque aunque no lo parezca sudas y ese sudor es humedad que se queda frío. En temas de frío parece razonable hacer caso a una sueca.

Al final duermo con dos pares de mallas y los pantalones del pijama, dos camisetas, una camisa de manga larga y dos jerseys de lana, tres pares de calcetines: unos normales, unos de alpaca y otros de esquiar, y el gorro. Aun con todo hace frío. Entre lo friolera que soy yo, y no tener saco, el frío es inevitable. Obviamente no he venido muy preparada a este viaje (creo que por salir tan deprisa el primer día, hay demasiadas cosas en las que no pensé).

Pero en realidad lo peor no es dormir, al final entre la mucha ropa, los consejos de la sueca, y la que yo llamo técnica del gorrión, que se hace una bola para dormir y conservar el calor, es decir, que yo duermo hecha una bolica también, duermo. Lo peor es cuando te tienes que levantar a las 4.30 de la mañana y salir de esas tres mantas y cambiarte todas esas capas de ropa.

 

5) Cuarto día: zona volcánica, fumarolas y aguas termales

Desayunamos a las 4.30 y salimos a las 5 de la mañana. A eso de las 6 llegamos a la primera parada del día. Estamos en una zona volcánica y paramos a ver las Fumarolas. En los tours lo llaman géiseres, específicamente el géiser del sol de la mañana (toma nombre), pero que yo sepa de ahí sólo sale vapor y gases, y no agua, así que creo que usan la palabra géiser porque es más fácil de entender para los extranjeros. Salimos y seguimos al guía entre las nubes de vapor que salen del suelo. Todavía es de noche aunque empieza a amanecer, pero el suelo resbala porque por el vapor se ha hecho barro, y apenas ves nada por el humo. Huele mal, porque el vapor tiene azufre. Y sin embargo, es espectacular. Somos el primer grupo en llegar, y a los pocos minutos se llena de todoterrenos. Como en cualquier tour, al final todos hacemos lo mismo casi al mismo tiempo.

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Fumarolas

Seguimos un poco más con el coche y paramos para ver el amanecer. Hace un frío exagerado, y es un frío que ya tienes metido dentro del cuerpo, todos tenemos los deditos de los pies helados. Vemos el amanecer principalmente desde el coche.

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Amanecer en el desierto

Seguimos hasta el Desierto de Salvador Dalí, al parecer se llama así porque Dalí pintó un cuadro con un desierto muy parecido a este, aunque nunca había estado aquí.

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Desierto de Salvador Dalí

 

Todavía hace mucho frío y nuestra siguiente parada son las aguas termales, o bien la Laguna Verde. El guía nos había avisado de que la Laguna Verde estaba congelada, y que no merecía tanto la pena, pero como no queremos ir a las aguas termales con este frío decidimos ir a la Laguna Verde para hacer tiempo.

La Laguna Verde está parcialmente congelada, pero aun con todo es muy bonita. Al frente se ve un volcán que es mitad boliviano, mitad chileno, y un poco más allá se ven montañas argentinas. Estamos en una zona fronteriza. La Laguna verde tiene un tono verdoso por el cobre, y es tóxica, no hay ningún tipo de vida en el agua.

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Laguna verde, Parque Nacional Eduardo Avaroa

Volvemos a las aguas termales, las Termas de Polques, y esta vez sí nos bañamos (6 bolivianos). Yo al principio dudo si bañarme o no, porque la idea de quitarme ropa con este frío me horroriza, y la idea de salir mojada con este frío me aterra. Además, no tengo bikini porque me lo olvidé (para variar). Al final me meto en ropa interior (no soy la única) que por suerte pasa bastante desapercibida. Tengo tanto frío en los pies que al meterlos en el agua me quema. Pero una vez que entras se está genial. Pasamos tanto tiempo como podemos allí, disfrutando del calor después de haber pasado tanto frío por la mañana. La salida del agua no es tan mala, no si lo comparas con el frío de salir de la cama a las 4.30, o el frío en el coche o en cada puñetera parada del día hasta las aguas termales. En verdad si lo comparas, no hace frío para nada.

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Termas de Polques

Tomamos el camino de vuelta a Uyuni, para parar a comer en un pueblito, y después continuar. Paramos en otra zona de Formaciones Rocosas, hay varias rocas formadas por el viento con forma de loro o perros peleando (hay que echarle imaginación para verlo). Después de nuevo continuamos viaje.

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Formaciones rocosas

El todoterreno en el que vamos da para 7 personas, pero los 3 que van en la parte de atrás tienen un espacio mínimo, las rodillas se te clavan en el asiento de enfrente, así que vamos rotando esos puestos porque son un sufrimiento ya que no tienes movilidad alguna, y nadie aguanta más de hora y media ahí metido.

Llegamos a Uyuni a eso de las 17.30 de la tarde. En la agencia recupero la mochila grande que había dejado y aprovechaos para quejarnos de Hugo. El tipo de la agencia ha salido, así que le contamos lo ocurrido a la señora que trabaja allí, que nos dice que los mendocinos no se quejaron y que de hecho se fueron con Hugo a la estación. Nos deja bastante sorprendidas, la verdad. A lo que salimos y ya nos estamos yendo vemos pasar por la calle al dueño de la agencia y se lo contamos de nuevo, y él nos dice que los chicos mendocinos ya se quejaron y que han despedido a Hugo, que esa es una falta muy grave. Nos pide perdón por los inconvenientes (pero digo yo que nos podía haber pedido perdón al llegar, y no ahora así cuando nos lo cruzamos de casualidad en la calle y sacamos nosotras el tema). La verdad que no sé si creerme que lo hayan despedido, porque Hugo nos contó que llevaba 19 años trabajando en esto, dudo que sea la primera vez que se emborracha en un tour. Por si acaso no recomiendo esta agencia para nada, Tours Lipez: conductor borracho, cambio de tour en el último minuto y mentiras, porque nos dijo de cambiarnos al tour de 4 días porque en el de 3 días seríamos 7 personas, y acabamos siendo 7 en el de 4 días igual…

Por suerte los dos últimos días de tour, cuando visitamos cosas preciosas y con un guía, que si bien no es que fuera muy hablador, si era serio y no bebía (yo no le pido más a un chófer), compensaron el mal trago del segundo día con Hugo, y puedo quedarme con un buen recuerdo de Uyuni y del viaje. Sinceramente, todo lo que hemos visto en el tour me ha parecido espectacular. Al inicio había pensado que lo importante era el salar, y que los dos días más eran un poco añadido para rellenar, pero me han sorprendido para bien. El Salar es impresionante, pero no es tan bonito como las lagunas o los volcanes. He visto poco de Bolivia por ahora, pero me ha parecido un país precioso.

Lástima que no sean un poco más organizados para ofrecer una mejor experiencia, sobre todo el tema de hostels un poco menos básicos, porque o te vas a un hostel así simple con horas contadas de electricidad y agua caliente, donde te congelas porque no encienden estufa ni nada, o lo siguiente es un hotel de sal que te sale a 100/150 dólares la noche (digo yo que alguien podría currarse un término medio).

Estoy agotada del viaje, y mataría por una ducha, por no hablar de que quiero lavar toda mi ropa que esta llena de arena, porque allí toda la ruta era por caminos de tierra, o directamente por tierra sin camino, y la arena llega a todas partes, ropa, pelo, zapatos… Pero hay que aprovechar el tiempo, y para no perder un día en Uyuni nos vamos, tanto Lucía como yo, directas a la estación de bus para tomar un bus a Potosí. Ya habrá tiempo de descansar y ducharse allí.

 

Si bebes no conduzcas (Eslogan de campaña de tráfico)

Mejores campañas contra el alcohol al volante: http://licoresreyes.es/las-20-mejores-campanas-contra-el-alcohol-al-volante/

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